jueves, 30 de mayo de 2013

Flores para Algernon


Charley es un hombre de 32 años de edad, que actúa como un niño y tiene un coeficiente intelectual bajo Él trabaja como conserje en una panadería y por la noche asistió a la escuela. Miss Kinnian fue su maestro, ella sabe de un lugar donde se puede degustar de conseguir una cirugía para mejorar su coeficiente intelectual Toma Miss Kinnian consejo, él encuentra un ratón llamado Algernon que lo corrió, Algernon tuvo la cirugía, así que mejor que Charley cada vez que corrieron, Algernon era un ratón muy más brillante que las otras.
Charley fue intimidado en sus socios puestos de trabajo en la panadería, que quería pasar todo el día con él, porque hace reír.
Charley obtener más pruebas, y mantiene entrenado para la cirugía, Miss Kinnian convencer a los médicos para que la operación de Charley. En algunos días Charley tiene una mayor I.Q. Los médicos dejaron Algernon en la casa de Charley y él sabe que tiene que competir con él y, finalmente, vence a Algernon, Charley hacer la escuela primaria en 3 días y el Colegio Jr. en 4 días.
Algunos días más tarde, cuando Charley estaba presente a los más brillantes científicos de EE.UU. encontró muertes Algernon, y todo lo que pasa a Algernon pasará a Charley, Charley se responde correctamente a todas las respuestas de los científicos, pero más tarde, cuando la sesión estaba casi terminado, Charley pedir a todos los científicos "¿Quién es Charley Gordon", pero nadie respondió hasta los médicos que saben que tal vez muera.

El Rey Burgues-Adaptacion a obra dramatica


El rey burgués
Autor: Rubén Darío


¡Amigo! El cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Un cuento alegre… así como para distraer las brumosas y grises melancolías, helo aquí:
Había en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que tenía trajes caprichosos y ricos, esclavas hermosas, blancas y negras, caballos de largas crines, armas flamantísimas, galgos rápidos, y monteros con cuernos de bronce que llenaban el viento con sus fanfarrias. ¿Era un rey poeta? No, amigo mío: era el Rey Burgués.

Era muy aficionado a las artes el soberano, y favorecía con gran largueza a sus músicos, a sus hacedores de ditirambos, pintores, escultores, boticarios, barberos y maestros de esgrima.

Cuando iba a la floresta, junto al corzo o jabalí herido y sangriento, hacía improvisar a sus profesores de retórica, canciones alusivas; los criados llenaban las copas del vino de oro que hierve, y las mujeres batían palmas con movimientos rítmicos y gallardos. Era un rey sol, en su Babilonia llena de músicas, de carcajadas y de ruido de festín. Cuando se hastiaba de la ciudad bullente, iba de caza atronando el bosque con sus tropeles; y hacía salir de sus nidos a las aves asustadas, y el vocerío repercutía en lo más escondido de las cavernas. Los perros de patas elásticas iban rompiendo la maleza en la carrera, y los cazadores inclinados sobre el pescuezo de los caballos, hacían ondear los mantos purpúreos y llevaban las caras encendidas y las cabelleras al viento.

El rey tenía un palacio soberbio donde había acumulado riquezas y objetos de arte maravillosos. Llegaba a él por entre grupos de lilas y extensos estanques, siendo saludado por los cisnes de cuellos blancos, antes que por los lacayos estirados. Buen gusto. Subía por una escalera llena de columnas de alabastro y de esmaragdina, que tenía a los lados leones de mármol como los de los tronos salomónicos. Refinamiento. A más de los cisnes, tenía una vasta pajarera, como amante de la armonía, del arrullo, del trino; y cerca de ella iba a ensanchar su espíritu, leyendo novelas de M. Ohnet, o bellos libros sobre cuestiones gramaticales, o críticas hermosillescas. Eso sí: defensor acérrimo de la corrección académica en letras, y del modo lamido en artes; ¡alma sublime amante de la lija y de la ortografía!

¡Japonerías!¡Chinerías! Por moda y nada más. Bien podía darse el placer de un salón digno del gusto de un Goncourt y de los millones de un Creso: quimeras de bronce con las fauces abiertas y las colas enroscadas, en grupos fantásticos y maravillosos; lacas de Kioto con incrustaciones de hojas y ramas de una flora monstruosa, y animales de una fauna desconocida; mariposas de raros abanicos junto a las paredes; peces y gallos de colores; máscaras de gestos infernales y con ojos como si fuesen vivos; partesanas de hojas antiquísimas y empuñaduras con dragones devorando flores de loto; y en conchas de huevo, túnicas de seda amarilla, como tejidas con hilos de araña, sembradas de garzas rojas y de verdes matas de arroz; y tibores, porcelanas de muchos siglos, de aquellas en que hay guerreros tártaros con una piel que les cubre hasta los riñones, y que llevan arcos estirados y manojos de flechas.

Por lo demás, había el salón griego, lleno de mármoles: diosas, musas, ninfas y sátiros; el salón de los tiempos galantes, con cuadros del gran Watteau y de Chardin; dos, tres, cuatro, ¿cuántos salones?

Y Mecenas se paseaba por todos, con la cara inundada de cierta majestad, el vientre feliz y la corona en la cabeza, como un rey de naipe.

Un día le llevaron una rara especie de hombre ante su trono, donde se hallaba rodeado de cortesanos, de retóricos y de maestros de equitación y de baile.

-¿Qué es eso? -preguntó.

-Señor, es un poeta.

El rey tenía cisnes en el estanque, canarios, gorriones, censotes en la pajarera: un poeta era algo nuevo y extraño.

-Dejadle aquí.

Y el poeta:

-Señor, no he comido.

Y el rey:

-Habla y comerás.

Comenzó:

-Señor, ha tiempo que yo canto el verbo del porvenir. He tendido mis alas al huracán; he nacido en el tiempo de la aurora; busco la raza escogida que debe esperar con el himno en la boca y la lira en la mano, la salida del gran sol. He abandonado la inspiración de la ciudad malsana, la alcoba llena de perfumes, la musa de carne que llena el alma de pequeñez y el rostro de polvos de arroz. He roto el arpa adulona de las cuerdas débiles, contra las copas de Bohemia y las jarras donde espumea el vino que embriaga sin dar fortaleza; he arrojado el manto que me hacía parecer histrión, o mujer, y he vestido de modo salvaje y espléndido: mi harapo es de púrpura. He ido a la selva, donde he quedado vigoroso y ahíto de leche fecunda y licor de nueva vida; y en la ribera del mar áspero, sacudiendo la cabeza bajo la fuerte y negra tempestad, como un ángel soberbio, o como un semidiós olímpico, he ensayado el yambo dando al olvido el madrigal.

He acariciado a la gran naturaleza, y he buscado al calor del ideal, el verso que está en el astro en el fondo del cielo, y el que está en la perla en lo profundo del océano. ¡He querido ser pujante! Porque viene el tiempo de las grandes revoluciones, con un Mesías todo luz, todo agitación y potencia, y es preciso recibir su espíritu con el poema que sea arco triunfal, de estrofas de acero, de estrofas de oro, de estrofas de amor.

¡Señor, el arte no está en los fríos envoltorios de mármol, ni en los cuadros lamidos, ni en el excelente señor Ohnet! ¡Señor! El arte no viste pantalones, ni habla en burgués, ni pone los puntos en todas las íes. Él es augusto, tiene mantos de oro o de llamas, o anda desnudo, y amasa la greda con fiebre, y pinta con luz, y es opulento, y da golpes de ala como las águilas, o zarpazos como los leones. Señor, entre un Apolo y un ganso, preferid el Apolo, aunque el uno sea de tierra cocida y el otro de marfil.

¡Oh, la Poesía!

¡Y bien! Los ritmos se ensucian, se cantan los lunares de la mujeres, y se fabrican jarabes poéticos. Además, señor, el zapatero critica mis endecasílabos, y el señor profesor de farmacia pone puntos y comas a mi inspiración. Señor, ¡y vos lo autorizáis todo esto!… El ideal, el ideal…

El rey interrumpió:

-Ya habéis oído. ¿Qué hacer?

Y un filósofo al uso:

-Si lo permitís, señor, puede ganarse la comida con una caja de música; podemos colocarle en el jardín, cerca de los cisnes, para cuando os paseéis.

-Sí, -dijo el rey,- y dirigiéndose al poeta:

-Daréis vueltas a un manubrio. Cerraréis la boca. Haréis sonar una caja de música que toca valses, cuadrillas y galopas, como no prefiráis moriros de hambre. Pieza de música por pedazo de pan. Nada de jerigonzas, ni de ideales. Id.

Y desde aquel día pudo verse a la orilla del estanque de los cisnes, al poeta hambriento que daba vueltas al manubrio: tiririrín, tiririrín… ¡avergonzado a las miradas del gran sol! ¿Pasaba el rey por las cercanías? ¡Tiririrín, tiririrín…! ¿Había que llenar el estómago? ¡Tiririrín! Todo entre las burlas de los pájaros libres, que llegaban a beber rocío en las lilas floridas; entre el zumbido de las abejas, que le picaban el rostro y le llenaban los ojos de lágrimas, ¡tiririrín…! ¡lágrimas amargas que rodaban por sus mejillas y que caían a la tierra negra!

Y llegó el invierno, y el pobre sintió frío en el cuerpo y en el alma. Y su cerebro estaba como petrificado, y los grandes himnos estaban en el olvido, y el poeta de la montaña coronada de águilas, no era sino un pobre diablo que daba vueltas al manubrio, tiririrín.

Y cuando cayó la nieve se olvidaron de él, el rey y sus vasallos; a los pájaros se les abrigó, y a él se le dejó al aire glacial que le mordía las carnes y le azotaba el rostro, ¡tiririrín!

Y una noche en que caía de lo alto la lluvia blanca de plumillas cristalizadas, en el palacio había festín, y la luz de las arañas reía alegre sobre los mármoles, sobre el oro y sobre las túnicas de los mandarines de las viejas porcelanas. Y se aplaudían hasta la locura los brindis del señor profesor de retórica, cuajados de dáctilos, de anapestos y de pirriquios, mientras en las copas cristalinas hervía el champaña con su burbujeo luminoso y fugaz. ¡Noche de invierno, noche de fiesta! Y el infeliz cubierto de nieve, cerca del estanque, daba vueltas al manubrio para calentarse ¡tiririrín, tiririrín! tembloroso y aterido, insultado por el cierzo, bajo la blancura implacable y helada, en la noche sombría, haciendo resonar entre los árboles sin hojas la música loca de las galopas y cuadrillas; y se quedó muerto, tiririrín… pensando en que nacería el sol del día venidero, y con él el ideal, tiririrín…, y en que el arte no vestiría pantalones sino manto de llamas, o de oro… Hasta que al día siguiente, lo hallaron el rey y sus cortesanos, al pobre diablo de poeta, como gorrión que mata el hielo, con una sonrisa amarga en los labios, y todavía con la mano en el manubrio.

¡Oh, mi amigo! el cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Flotan brumosas y grises melancolías…

Pero ¡cuánto calienta el alma una frase, un apretón de manos a tiempo! ¡Hasta la vista!

La Casa Tomada




Julio Florencio Cortázar nació en Ixelles, Bélgica el 26 de agosto de 1914 y murió en  París, Francia el 12 de febrero de 1984, él fue un traductor argentino nacionalizado francés. Vivió buena parte de su vida en París, ciudad en la que se estableció en 1951, y en la cual  ambientó algunas de sus obras. Cortázar también vivió en Argentina, España y Suiza.  Se le considera uno de los autores más  originales de su tiempo, maestro del relato corto, la  narración breve y prosa poética
La Casa Tomada una  singular obra de este autor,  relata la historia de un par de hermanos,  que aprecian  su casa por ser espaciosa y antigua, ya que en ella  guardaban recuerdos familiares y de la infancia.
Irene una mujer  tranquila y sencilla que le gusta pasar su tiempo tejiendo y descrita por el narrador como “nacida para no molestar a nadie”  y su hermano, un hombre culto que le gusta la literatura francesa, se ven amenazados por  extraños ruidos, que al final terminarían enfrentándose   a “algo” que empieza a tomar su casa, pero ellos se niegan a la idea de abandonar su casa, lamentando así la perdida de objetos para ellos muy queridos, pero tras ver las constantes amenazas de este “algo” y la toma de la parte restante de la casa, deciden abandonarla quedándose en la calle, con solo un reloj y una llave que tiran a una alcantarilla.

El Miedo me Pela los Dientes



Esa noche Jorge escucho un carruaje tirado por caballos y le aviso en ese momento a Luis, los dos fueron a investigar que sucedía y vieron a Dimitrescu y a Popescu cargando un ataúd, del cual vieron caer un cuerpo.
A la mañana siguiente en el desayuno Dimitrescu dio un guión a su ayudante, en eso Jorge se dio cuenta de la presencia de cuatro  personas que no había visto antes. Dimitrescu presento a una de ellas que era el contador Miguel Morales.
Dimitrescu empezó a contar la historia a todo el  equipo de trabajo, después le encargo un trabajo a Jorge y a Ramirovsky (el camarógrafo) y en el transcurso de ida al pueblo Jorge empezó a leer el guión, el cual le pareció malísimo.
 Entraron al pueblo y se reunieron con “La Magra”, ella contó una historia sobre La Catrina y sus aventuras, para poder curar a varias personas y al final la mujer grito “¡A mí la muerte me pela los dientes!”.  Las personas se desmayaron y Jorge no se explicaba aun como eso las curaría. La anciana le explico que cada persona tenía que encontrar la respuesta y al ver el rostro de confusión del joven, le dijo que la respuesta estaba en la frase “¡A mí la muerte me pela los dientes!”.
Jorge trato de analizar la frase mientras iban por los encargos.
Marcos le entrego una copia de las primeras escenas que filmarían al contador, con un título aparentemente diferente al original.
Tiempo después Marcos Dimitrescu sito a su ayudante de dirección su despacho. Jorge espero junto con su amigo Luis, hasta que Dimitrescu llego dando órdenes de empezar a preparar la filmación, mientras el llevaba a Morales al pueblo, también el Rumano aclaro la presencia de las tres personas desconocidas, eran los zombis de la película.
 Marcos llego cabizbajo junto al contador Morales, ellos  presenciaron la toma de la escena. Pero debido a un error Morales toma el guión verdadero en lugar del suyo. 
Dimitrescu dio indicaciones a Jorge de que revisara la escena 45 con mucho cuidado.
Al día siguiente todos ya reunidos en el comedor esperando solo a dos personas, Marcos Dimitrescu y al contador Morales. Jorge decidió ir a buscar a Marcos a su cuarto pero no estaba ahí al igual que el contador. Jorge se decidió ir al pueblo a buscar a La Magra.
Al llegar al pueblo La Magra le confeso que ella era la escritora del guion, que Jorge consideraba una basura. La anciana le hizo una serie de preguntas que terminaron en la conclusión de que, el contador salió en la madrugada y que tal vez leyó el verdadero guión.
Salieron del pueblo, después de caminar por un rato, Jorge leyó un mensaje que Dimitrescu había puesto en su guion y luego de leer el mensaje, la magra le conto la verdadera historia de Dimitrescu.
Después de la historia la mujer se quitó la nariz y una supuesta peluca y en ese momento Jorge se dio cuenta de que ella era la mujer que le había hecho la entrevista, la mujer explico que ella era la colaboradora de Dimitrescu.
La Magra le dio órdenes a Jorge de que fuera a avisar al equipo de trabajo que aún se encontraban en l la hacienda, mientras ella pedía ayuda a los habitantes de Mictlán.
Jorge corrió hasta la hacienda y en su camino se encontró a la japonesa que lo acompaño y le dio su ayuda en esto.
Cuando Jorge quiso avisar a todos, los demás lo tomaron como una broma y se rieron, mientras veían películas de horror, las cuales hicieron que Jorge se desmayara.
Al despertar de Jorge, se percató de que se encontraba amarrado de brazos y piernas en una tubería por los mismos mafiosos que había ido a prevenir anteriormente.
Después de intentos, Tamylin llego y los libero. Pero al tratar de huir y refugiarse en el pueblo de Mictlán, los mafiosos los encontraron y llevaron devuelta a la hacienda. Ya en la hacienda descubrieron que su secuestrador era el mismo Maestro de los sueños que era equivalente a Miguel Morales (el contador)
Pero después el Pueblo de Mictlán llego al rescate, haciéndose pasar por fantasmas enfrentaron a todos los mafiosos. Pero al ver la perdida Miguel Morales alias Maestro de los sueños salio en un auto y debido a la desconcentración callo en un desfiladero y el mayo líder del crimen organizado le dio un fuerte abrazo a La Catrina.
Jorge perdió el miedo por las películas de horror debido a la enseñanza de la frase “a mí la muerte me pela los dientes”.  

Reseña Burgues GentilHombre


Esta comedia escrita por Moliere, trata acerca de un hombre llamado Jourdain que debido a su familia estaba en la posición de burgués, un hombre inculto que no apreciaba ninguna clase arte. Para Jourdain es muy importante aprender el manejo de armas, baile, música, simplemente para parecerse y tratar de seguir lo que las personas de alcurnia y los nobles hacen. El señor Jourdain tiene una esposa, la Sra.  Jourdain la cual es una mujer sarcástica y siempre trata de entrometerse y estropear los planes de su marido, haciendo burla a su inquietud de aprender esas artes, que ella bien sabe que es solo por interés.
El Sr. Jourdain, conoce al conde Dorante el cual está constantemente pidiéndole dinero ya que se encuentra en quiebra y aprovechándose de la ingenuidad del  Sr. Jourdain le quita muchísimo dinero con la condición de hablar mencionarlo con los reyes en la corte.
El sr. Jourdain se enamora de una condeza llama Dorimena, éste le manda costosos regalos para enamorarla con el conde Dorante, éste, se aprovecha y hace creer a Dorimena que los regalos son de su parte, ya que Dorante también se ha enamorado de la condeza.
Por otra parte el Sr. Jourdain quiere que su hija Lucila se case lo más pronto posible, forzándola a casarse con un noble que ella no ama, por otro lado la Sra. Jourdain desea que su hija contraiga nupcias con un hombre que ella ame y haga feliz, llamado Cleonte. El sr. Jourdain se niega a que su hija Lucila se case con Cleonte, asi que después de analizar la situación el lacayo de Cleonte, Coville idea un plan para engañar al Sr. Jourdain, éste consigue algunos actores, disfraces y arma todo un espectáculo.
Coville se hace pasar por un mensajero de la nobleza que habia ido con un gran líder monárquico llamado EL Gran Turco que se encontraba en la zona, quería desposar a su hija, el Sr. Jourdan cae en la farsa, asi que Coville no satisfecho con eso, hace una ceremonia supuestamente para darle un puesto más alto en la nobleza al Sr. Jourdain llamado “Mamamuqui” éste se la cree y da paso a la boda. Mientras tanto la Sra. Jourdain y Lucila se oponen rotundamente al casamiento ya que aún no saben de la farsa, después de un rato coville les explica y terminan accediendo. La boda entre Cleonte y Lucila se realiza, agregando la de Dorante y Dorimena.